COMIENZA EL INVIERNO
INVIERNO DE 1952 EN BUENOS AIRES
están sin hojas nuevas. Cantan. Cantan.
los pájaros. ¿En dónde cantan
los pájaros que cantan?"
INVIERNO DE 1952 EN BUENOS AIRES
Por Felisberto Hernández
La propaganda de estos muebles me tomó desprevenido. Yo había ido a pasar un mes de vacaciones a un lugar cercano y no había querido enterarme de lo que ocurriera en la ciudad. Cuando llegué de vuelta hacía mucho calor y esa misma noche fui a una playa. Volvía a mi pieza más bien temprano y un poco malhumorado por lo que me había ocurrido en el tranvía. Lo tomé en la playa y me tocó sentarme en un lugar que daba al pasillo. Como todavía hacia mucho calor, había puesto mi saco en las rodillas y traía los brazos al aire, pues mi camisa era de manga corta. Entre las personas que andaban por el pasillo hubo una que de pronto me dijo:
-Con su permiso, por favor...
Y yo respondí con rapidez:
-Es de usted.
Pero no sólo no comprendí lo que pasaba sino que me asusté. En ese instante ocurrieron muchas cosas. La primera fue que aun cuando ese señor no había terminado de pedirme permiso, y mientras yo le contestaba, él ya me frotaba el brazo desnudo con algo frío que no sé por qué creí que fuera saliva. Y cuando yo había terminado de decir "es de usted" ya sentí un pinchazo y vi una jeringa grande con letras. Al mismo tiempo una gorda que iba en otro asiento decía:
-Después a mí.
Yo debo haber hecho un movimiento brusco con el brazo porque el hombre de la jeringa dijo:
-¡Ah!, lo voy a lastimar... quieto un...
Pronto sacó la jeringa en medio de la sonrisa de otros pasajeros que habían visto mi cara. Después empezó a frotar el brazo de la gorda y ella miraba operar muy complacida. A pesar de que la jeringa era grande, sólo echaba un pequeño chorro con un golpe de resorte. Entonces leí las letras amarillas que había a lo largo del tubo: Muebles "El Canario". Después me dio vergüenza preguntar de qué se trataba y decidí enterarme al otro día por los diarios. Pero apenas bajé del tranvía pensé: "No podrá ser un fortificante; tendrá que ser algo que deje consecuencias visibles si realmente se trata de una propaganda." Sin embargo, yo no sabía bien de qué se trataba; pero estaba muy cansado y me empeciné en no hacer caso. De cualquier manera estaba seguro de que no se permitiría dopar al público con ninguna droga. Antes de dormirme pensé que a lo mejor habrían querido producir algún estado físico de placer o bienestar. Todavía no había pasado al sueño cuando oí en mí el canto de un pajarito. No tenía la calidad de algo recordado ni del sonido que nos llega de afuera. Era anormal como una enfermedad nueva; pero también había un matiz irónico; como si la enfermedad se sintiera contenta y se hubiera puesto a cantar. Estas sensaciones pasaron rápidamente y en seguida apareció algo más concreto: oí sonar en mi cabeza una voz que decía:
-Hola, hola; transmite difusora "El Canario"... hola, hola, audición especial. Las personas sensibilizadas para estas transmisiones.. . etc., etc.
Todo esto lo oía de pie, descalzo, al costado de la cama y sin animarme a encender la luz; había dado un salto y me había quedado duro en ese lugar; parecía imposible que aquello sonara dentro de mi cabeza. Me volví a tirar en la cama y por último me decidí a esperar. Ahora estaban pasando indicaciones a propósito de los pagos en cuotas de los muebles "El Canario". Y de pronto dijeron:
-Como primer número se transmitirá el tango...
Desesperado, me metí debajo de una cobija gruesa; entonces oí todo con más claridad, pues la cobija atenuaba los ruidos de la calle y yo sentía mejor lo que ocurría dentro de mi cabeza. En seguida me saqué la cobija y empecé a caminar por la habitación; esto me aliviaba un poco pero yo tenía como un secreto empecinamiento en oír y en quejarme de mi desgracia. Me acosté de nuevo y al agarrarme de los barrotes de la cama volví a oír el tango con más nitidez.
Al rato me encontraba en la calle: buscaba otros ruidos que atenuaran el que sentía en la cabeza. Pensé comprar un diario, informarme de la dirección de la radio y preguntar qué habría que hacer para anular el efecto de la inyección. Pero vino un tranvía y lo tomé. A los pocos instantes el tranvía pasó por un lugar donde las vías se hallaban en mal estado y el gran ruido me alivió de otro tango que tocaban ahora; pero de pronto miré para dentro del tranvía y vi otro hombre con otra jeringa; le estaba dando inyecciones a unos niños que iban sentados en asientos transversales. Fui hasta allí y le pregunté qué había que hacer para anular el efecto de una inyección que me habían dado hacía una hora. Él me miró asombrado y dijo:
-¿No le agrada la transmisión?
-Absolutamente.
-Espere unos momentos y empezará una novela en episodios.
-Horrible -le dije.
Él siguió con las inyecciones y sacudía la cabeza haciendo una sonrisa. Yo no oía más el tango.Ahora volvían a hablar de los muebles. Por fin el hombre de la inyección me dijo:
-Señor, en todos los diarios ha salido el aviso de las tabletas "El Canario". Si a usted no le gusta la transmisión se toma una de ellas y pronto.
-¡Pero ahora todas las farmacias están cerradas y yo voy a volverme loco!
En ese instante oí anunciar:
-Y ahora transmitiremos una poesía titulada "Mi sillón querido" soneto compuesto especialmente para los muebles "El Canario".
Después el hombre de la inyección se acercó a mí para hablarme en secreto y me dijo:
-Yo voy a arreglar su asunto de otra manera. Le cobraré un peso porque le veo cara honrada. Si usted me descubre pierdo el empleo, pues a la compañía le conviene más que se vendan las tabletas.
Yo le apuré para que me dijera el secreto. Entonces él abrió la mano y dijo:
-Venga el peso-. Y después que se lo di agregó:
-Dése un baño de pies bien caliente.
De: HERNÁNDEZ, Felisberto.El cocodrilo y otros cuentos. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 1968
NOTICIAs DEL AUTOR:
Felisberto Hernández.
Escritor uruguayo(1902- 1964)Escribió cuentos ynovelas: Fulano de tal, Nadie encendía las lámparas, Libro sin tapas, La cara de Ana, Por los tiempos de Clemente Colling, El caballo perdido, Las hortensias, El cocodrilo, Tierras de la memoria, La casa inundada.
Resolución ES-7/8 (Naciones Unidas, ONU). "El medio mejor para hacer buenos a los niños es hacerlos felices."
Oscar Wilde (1854-1900) Dramaturgo y novelista irlandés.
5 de junio: Día Mundial del Medio Ambiente
¡SEAMOS RESPONSABLES, NUESTRO HOGAR LO PROTEGEMOS ENTRE TODOS!
El personaje de este mes es MANUEL BELGRANO, el 3 de junio es el aniversario de su nacimiento y el 20 de este mismo mes, el de su muerte.En homenaje a Manuel Belgrano se instituyó el 20 de junio como Día de la Bandera Nacional.
Manuel Belgrano. El Correo de Comercio, 17 de marzo de 1810
Manuel José Joaquín del Sagrado Corazón de Jesús Belgrano nació y murió en Buenos Aires, ((1770-1820). Su padre era italiano, y su madre había nacido en Santiago del Estero. Fue un destacado intelectual, abogado, político y militar
20 DE JUNIO DÍA DE LA BANDERA
Belgrano creó nuestra bandera en plena lucha por la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, el 27 de febrero de 1812.. La izó por primera vez en Rosario a las orillas del río Paraná (donde actualmente está emplazado el monumento a la bandera), ante las baterías de artillería que denominó "Libertad" e "Indepencia”. Esta actitud le costó su primer enfrentamiento abierto con el gobierno centralista de Buenos Aires, personificado en las figuras de Bernardino Rivadavia y Carlos María de Alvear, de ideas europeizantes y contrarrevolucionarias.
En Buenos aires, se enarboló por primera vez el 23 de agosto de 1812, sobre la torre de la iglesia de San Nicolás de Bari, donde actualmente está el Obelisco. La bandera está compuesta por tres franjas horizontales de igual tamaño, la superior y la inferior de color azul celeste, y la central blanca. Belgrano tomó los colores de la escarapela que ya estaba en uso La Asamblea de 1813 impulsó secretamente su uso, pues aún debían tratarse con cautelan los símbolos de la independencia. Recién, después de la declaración de independencia el 9 de julio de 1816, nuestra bandera pudo ser adoptada como símbolo por el Congreso el 20 de julio de 1816. Este último, le agregó el sol el 25 de febrero de 1818. El Presidente de la República Roberto M. Ortiz, promulgó junto con el Congreso, la ley consagra el 20 de junio como el Día de la Bandera y lo declara feriado nacional, como homenaje a Manuel Belgrano. En 1838, se celebró por primera vez.
"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca."
JORGE LUIS BORGES (1899-1986) Escritor argentino.
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